Iñaki Egaña: Escritor
Hace ahora un par de años tuve un encuentro con los familiares de Hipólito Berasategi. Desapareció en noviembre de 1936. Casi 60 años de incertidumbres. Su hijo Felipe había oído un programa de radio en el que había tomado parte para hablar de los fusilamientos en Gipuzkoa tras la guerra civil y, por eso, se dirigió a mí con la esperanza de encontrar un rastro de su padre. En los días siguientes recibí nuevas llamadas, de Zumarraga, de Altsasu, de Hernani..., en todas las ocasiones la misma angustia. Hijos y nietos de desaparecidos aún continúan buscando a sus familiares, algunos con una intensidad que me encogió el corazón. Alguien me sacó a relucir que los cadáveres de Joxi Zabala y Joxean Lasa habían aparecido a casi 12 años de su secuestro. Y que ello, aunque trágico, era un alivio. Pero que 60 años después, hay centenares de desaparecidos, enterrados en alguna fosa, despeñados o calcinados cuya falta aún tortura a sus descendientes. No hay impresión más fuerte, ni sufrimiento mayor que el de la desaparición de un familiar, dijo en cierta ocasión Hebe de Bonafini. Ellos me animaron a escribir esto.
Los siguientes, en cambio, sí aparecieron.
Es un 23 de mayo de 1975 cuando Koldo Arriola, en compañía de su cuadrilla, pasa por delante del cuartel de la Guardia Civil de Ondarroa. Un disparo sale del cuartel, rasga la calle, y Koldo cae muerto. Ha terminado la Segunda Guerra Mundial, es 1946 y el fascismo, dicen, ha sido derrotado. En Bizkaia, no se han debido enterar: José Agirre Iturbe y Txomin Letamendi Murua son torturados hasta la muerte. Un 16 de octubre de 1982, el matrimonio de Bergara compuesto por Victoriano Agiriano y María Angeles Barandiaran circulan por Gasteiz. No volverán a casa. En un control policial una ráfaga acaba con sus vidas. Es 12 de marzo de 1938 y la vecina de Sestao Berta Peña Parras está ante un pelotón de ejecución. Su delito, haber criticado a Franco. Pide clemencia. Tiene cinco hijos. Una descarga termina con su vida. Felipe Carro Flores, 15 años y natural de Barakaldo, muere el 26 de junio de 1978 al ser amatrellado por la Guardia Civil el coche en el que viajaba en compañía de unos amigos. Isidoro Iturbe Elkorobarrutia pasea junto a su mujer por las calles de Arrasate. Hablan en euskara. Una pareja de la Guardia Civil se les acerca y les recrimina por hablar en vascuence. "A ver, usted dirigiéndose a Isodoro acompáñenos al cuartelillo". Isidoro les sigue. Aparece muerto en Hernani con el cuerpo acribillado a balazos un 22 de octubre de 1936. Es el 15 de junio de 1975 cuando Alfredo San Sebastián Zaldibar, vecino de Algorta, sale de la discoteca Zigor de Mungia. La noche es oscura, sin luna. Un guardia civil se le acerca y le dice que a dónde va. Alfredo titubea, sin tiempo a la respuesta porque el agente le descarga el cargador de su pistola antes de que se dé cuenta que es el fin. Andrés Mellado Burgos, tiene 34 años y vivía en Portugalete. Pero le han detenido en Barcelona. Le juzgan por rojo. Es fusilado un 7 de diciembre de 1949, en la víspera de la Inmaculada Concepción. También diciembre, pero de 1985. Robert Caplanne muere en Biarritz a manos de un grupo mercenario español que usa las siglas del GAL. Está concluyendo el mes de setiembre de 1936. Carmen Lafraya, de 24 años, y su padre Esteban son detenidos en Cadreita. Carmen es violada en presencia de su padre Esteban. Luego, ambos son fusilados. Un 27 de marzo de 1981, Jesús Urbien Orbegozo, vecino de Bilbao, está haciendo el servicio militar en Loyozuela (Madrid). A un guardia civil no le gustan sus modales y le mata. Es mayo de 1943, día 6 para más señas. Luis Alava Sautu, médico y natural de Gasteiz, es fusilado en Madrid por espiar para Gran Bretaña, enemiga en esa época de la Alemania de Hitler. Policías, guardias civiles y secretas se apuestan en Bolueta agazapados. Pasa un coche. Los agentes disparan sus armas. Muere Javier Batarrita tras recibir nueve impactos de bala en la cabeza y cuarenta en el cuerpo, es un 27 de marzo de 1961. Mikel Castillo agota sus últimos minutos con la Policía en los talones. Le dan alcance y le disparan sin tiempo para tomar un nuevo aliento, en un 19 de setiembre de 1990 en las calles de Iruñea. Los nazis han bombardeado Bilbao, Durango y Gernika. La población está aterrorizada. Miles de padres mandan a sus hijos al exilio. Pasan pocos años y algunos se hacen adolescentes. En 1941 los alemanes invaden la URSS y esos niños que tuvieron la suerte de sobrevivir en 1937 mueren lejos de su casa: Josetxo Agirreugalde de Rentería, Iñaki Agirregoikoa de Plen-tzia, José Luis Larrañaga de Eibar, Luis Frade, Julio Borinaga, Demetrio López y Martín Peña de Bilbao, José Luis González de Portugalete, Valentín Calero y José Larrarte de Donostia... Caracas, Venezuela, 14-11-80, Jokin Etxeberria y Espe Arana, miembros del comité de apoyo a los refu- giados vascos, abren la puerta que acaban de golpear. Una ráfaga termina con sus vidas. Un grupo mercenario con el nombre Batallón Vasco Español reivindica. Bartolomé Basabe Egui- luz y Toribio Uzabal Larrea. Tienen varias cosas en común: ambos son naturales del pueblo alavés de Unza; ambos, a sus 76 años, están entrados en canas; ambos han sido llevados a Gasteiz... ambos son fusilados un 15 de enero de 1937. Varios soldados alemanes juegan a hacer blanco en una huerta de Hazparne. Alertados por el ruido, dos jóvenes salen del caserío. Son Ttipi Saint Martin y Albert Hirigoyen y es 11 de junio de 1944. El blanco son ellos. Mueren acribillados a balazos. José Condeiro Gómez, vecino de Balmaseda: aparece muerto con varias astillas clavadas en los testículos un 26 de agosto de 1938. La Falange se lo había prometido. Didier Laffitte viaja en coche con un compañero cuando un control les detiene. Prepara la documentación mientras observa cómo un gendarme le apunta con su pistola. El policía dispara y Didier muere en el hospital de Baiona el primero de marzo de 1984. Es verano de 1937 y las tropas fascistas han entrado en Portugalete. Detienen a diestro y siniestro. Al transportista José Madariaga lo fusilan de inmediato. Su hijo, Angel Madariaga González, se entera de la noticia e intenta calmar a la familia, sin saber que poco después él mismo será ejecu- tado en Derio un 8 de enero de 1938. Es el 24 de junio de 1977 en Rentería y Gregorio Maritxalar se acerca a su ventana para observar una manifestación de protesta por la muerte de cuatro personas a manos de la Policía en la última semana pro Amnistía. A lo lejos un francotirador le apunta. Dispara. Gregorio muere en el acto. Es el 30-9-51. Los reclusos de la cárcel de Langraitz aporrean sus puertas. Un preso necesita ayuda médica; para cuando llega, el interno ha fallecido. Llevaba doce años en prisión por mostrar solidaridad. Se llamaba Welco Todonov y era búlgaro. Tiene 16 años y es María José Bravo, donostiarra, 8 de mayo de 1980. Violada y muerta. Los escuadrones de la muerte españoles reivindican su ejecución.
Y así se podrían relatar miles y miles de ejemplos similares, terroríficos. Muertes espeluznantes que dejaron a otras tantas familias como víctimas de la intolerancia y la sinrazón. Jamás vieron reconocida su condición. ¿Cuándo, cómo, dónde, quién juzgó a sus verdugos?
Y así se podrían relatar miles y miles de ejemplos similares, terroríficos, que jamás vieron reconocida su condición de víctima